Chengdu

Llegamos a Chengdu en avión, desde Xian.

Chengdu es la capital de la provincia de Sichuan, una de las más antiguas de China y de las más pobladas, con 100 millones de habitantes.

Al salir del aeropuerto, nos encontramos con una situación que ya nos era familiar, ya que ningún taxista quería llevarnos al hotel, y esta vez sí teníamos el nombre y dirección del hotel escrito en caracteres chinos, así como una foto de la fachada del hotel. Después de mucho rato recorriendo la cola de taxis del aeropuerto y preguntando, uno de los taxistas hizo una llamada, y vino una chica taxista, que nos dijo por señas que pusiéramos las mochilas en el maletero y nos invitó a subir. A los pocos metros de allí paró el taxi, y nos dijo que si queríamos que nos llevara teníamos que pagarle 100 yuanes (todo esto por supuesto por señas, pues en Chengdú nadie hablaba ni palabra de inglés), lo que nos pareció una barbaridad, pero dadas las circunstancias le dijimos que sí. Una vez más nos iban a timar, pero al menos esta vez lo sabíamos por anticipado 😉

A la llegada al hotel nos sorprendimos gratamente, pues nos pareció una maravilla de nuevo, sobre todo teniendo en cuenta los precios que estábamos pagando. Comentaré aparte sobre este maravilloso hotel en el que al final nos intentaron engañar por cada uno de los servicios que utilizábamos, hasta nuestra salida.

Lo más importante para nosotras era ver la forma de trasladarnos a Leshan al día siguiente, pues desde allí debíamos hacer las dos excursiones que queríamos: el Gran Buda de Lesan y Monte Emei. Tras estudiar la situación, la única forma de desplazarse era en coche, y la única posibilidad asequible era unirnos a una excursión con otros turistas, así que nos unimos a un grupo de 8 turistas chinos, ya que allí no había ni turistas de otros lugares, ni guías en otros idiomas, y si queríamos un guía en inglés nos costaba como el triple, algo que no valía la pena puesto que tampoco los entendíamos mucho mejor en inglés que cuando hablaban en chino.

Pensamos en aprovechar la tarde para ir a comprar algo de comida, pues habíamos visto que los chinos cuando hacen excursiones lo llevan todo encima. Además, ni en los sitios más turísticos suele haber infraestructura para tomar algo, como mucho una bolsa de patatas fritas o un helado, como tuvimos que desayunar unos días después en la Ciudad Prohibida.

Como queríamos también sacar dinero en un cajero, pensamos en acercarnos a un centro comercial que se veía desde la ventana de la habitación, al otro lado de un descampado, ya que seguramente en este sitio podríamos encontrar cajero, algo para comer, y de esta forma, como que asegurábamos encontrarlo todo.

Cual fue nuestra sorpresa al llegar al centro comercial, y observar que sus tres plantas eran únicamente de zapatos. Sí, todo eran zapatos, de todo tipo eso sí… No contaba con otro tipo de tiendas, ni sitios para comer… nada. Decidimos sacar dinero en un banco cercano, e irnos a comer al hotel, pues era ya bastante tarde, como hora de merendar por lo menos.

Al llegar a la cafetería del hotel, los camareros estaban formados, firmes y todo, como si del ejército se tratara, y uno de ellos, que parecía el encargado, pronunciaba unas frases a los que todos respondían a coro. Nos enteramos después que esto es parte de un ritual diario en el que se motivan en la atención del cliente antes de empezar a trabajar, y hacen también algo similar al terminar su jornada diaria, antes de retirarse.

La cocina en la región de Sichuan, tiene fama entre la población china por ser la mejor del país, destaca por ser extremadamente picante, y eso les encanta. Como sabíamos este detalle, insistimos mucho en que la comida no llevara picante, pues aunque a mí me gusta bastante, a Vicky no le gusta demasiado ni le sienta bien.
Sobre una carta con fotos, pedimos un par de platos y un acompañamiento de arroz, aunque nos sacaron los dos platos más una especie de ensalada extraña… todo ello bañado en guindillas, más picante imposible. Después supimos que uno de los platos era el Mapo Toufu, trozos de tofu salteados con carne picada, ajo, cebolleta, jengibre y montones de chile)
A pesar de que a mi me encanta el picante, no fui capaz de acabarme ni un sólo bocado, me ardía la boca de una forma espantosa. La sensación era de sentirte como un fakir, a punto de echar fuego por la boca en cuanto la abriera. Nos terminamos el te de flores que nos habían sacado en lugar del agua, nos lo repusieron tres o cuatro veces, terminamos la cola y tras pedir disculpas por dejarnos la comida, nos fuimos con la misma hambre que llegamos a la habitación, donde nos quedaban dos manzanas de emergencia como último recurso.

Finalmente, sin poder salir del hotel porque los taxis no nos llevaban, mal comunicadas y con un hambre considerable, dedicamos la tarde a la lectura en el hotel, y al llegar la noche se nos ocurrió suplicar un bocadillo o similar en recepción, a lo que, tras mucha explicación, una de las recepcionistas anotó en un papel las iniciales KFC! nos habían entendido, nos daba igual la hamburguesa, sólo querísmos algo que no soltara fuego al entrar por la boca, ya que al día siguiente la excursión nos recogía a las 6.00am del hotel, y tampoco íbamos a poder desayunar.

Jamás hubiera pensado que llegáramos a pensar en las hamburguesas de comida rápida como lo mejor del mundo, pero así fue ese día, y al siguiente también, y hasta que salimos de Chengdu. Después de cenar, nos acostamos pronto, pues a las 6.00 salía nuestra excursión hacia El Gran Buda de Leshan, desde donde visitaríamos también el Monte Emei.

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